Después de la fotografía de recién nacido (o newborn), la fotografía infantil es, a mi modo de ver, de las más difíciles de realizar. No por la dificultad técnica, sino más bien por la libertad y expontaneidad con la que posan l@s “modelos”. Y es que dirigir a un bebé de tres o cuatro meses, o incluso de cuatro o cinco años, es literalmente imposible.

Ell@s tienen sus propias reglas, y soy yo quien debe adaptarse a su ritmos, a su estado de ánimo o sus ganas de jugar.

Pero con todo y con eso, la fotografía infantil es, con total seguridad, la que resutados más gratificantes aporta cuando consigues la foto adecuada: Ver la alegría en la cara de los padres cuando entrego como resultado una fotografía que perdurará toda la vida y que refleja la belleza, o la inocencia, o la picardía (cada pequeñ@ tiene su rasgo característico) de ese niño o esa niña (o de ambos).

Las mejores imágenes son aquellas que retienen su fuerza e impacto a través de los años, a pesar del número de veces que son vistas.

Anne Geddes

En la fotografía infantil hay varios momentos más adecuados que otros para realizar una sesión fotográfica dependiendo de la edad que tengan l@s niñ@s, y eso es lo que aconsejo a los padres que quieren tener un bonito recuerdo de sus hij@s. No se trata tampoco de hacerlo cuando sea y de cualquier manera.

Después del nacimiento, el primer momento para fografiar a los peques suele ser a los tres o cuatro meses, cuando son capaces de mantener erguida la cabecita al tumbarlos boca abajo. El siguiente momento importante es cuando consiguen mantenerse sentados ellos solos. Y más adelante otro buen momento es cuando aprenden a mantenerse en pie sin ayuda.

A partir de ahí, ya es cuestión de dejarles hacer a ellos.

En las sesiones infantiles me gusta interactuar con ellos, intentar hacerles reír, hablar, que me cuenten cosas y esperar que en algún momento se olviden de que tengo una cámara disparando una y otra vez. Suelen ser sesiones que se alargan casi sin darnos cuenta, casi sin querer, precisamente porque hay que esperar el mejor momento y eso no lo decido yo, ni papá, ni mamá, lo deciden ell@s, l@s pequeños de la casa.

Puede que en una sesión se hagan muchas fotografías y sin embargo luego el resultado sean sólo unas pocas. A veces sorprende, sí. Pero esas pocas habrán valido la pena. Estoy seguro.